
Pues así me quede. Desde tempranito esperando ese mensajito de texto que me llenara el orgullo y me hiciera sonreír todo el día. Pero no llego.
Me fui para distraerme pero no me sirvió. Espere ese mensajito todo el día, ese que me haría sonreír de picardía.
Llego la noche y entendí que de verdad no escribirías. Como toda mujer dolida, me jure que no volvería a escribirte, me mentí un ratito, me dije que de mi vida y del Facebook te a eliminaría.
Me mentí tan segura de que si llegabas a mandarme ese mensajito que ya no seria hoy y no se si mañana o pasado, no se cuando ese mensajito llegara, yo te lo respondería en menos de cinco segundos y con el “mi lindo y príncipe bello” que tanto me fascina colocarte.
Y aquí me quede, hablándote en la oscuridad, y por supuesto sin apagar el bendito teléfono por si acaso ese mensajito decide llegar en la madrugada, por si acaso se perdió en el camino y de repente recordó su rumbo.
Así me dormí, peleando con la tecnología y odiándote un poquito más, adorándote aun más y deseándote mucho más.
Me fui para distraerme pero no me sirvió. Espere ese mensajito todo el día, ese que me haría sonreír de picardía.
Llego la noche y entendí que de verdad no escribirías. Como toda mujer dolida, me jure que no volvería a escribirte, me mentí un ratito, me dije que de mi vida y del Facebook te a eliminaría.
Me mentí tan segura de que si llegabas a mandarme ese mensajito que ya no seria hoy y no se si mañana o pasado, no se cuando ese mensajito llegara, yo te lo respondería en menos de cinco segundos y con el “mi lindo y príncipe bello” que tanto me fascina colocarte.
Y aquí me quede, hablándote en la oscuridad, y por supuesto sin apagar el bendito teléfono por si acaso ese mensajito decide llegar en la madrugada, por si acaso se perdió en el camino y de repente recordó su rumbo.
Así me dormí, peleando con la tecnología y odiándote un poquito más, adorándote aun más y deseándote mucho más.
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