lunes, 6 de diciembre de 2010

Llueve... y no es café.


Llegó el invierno y con él una gran cantidad de agua que no para de caer. Resulta que de repente vas saliendo de tu oficina y te cae tremendo aguacero que moja tus papeles, ropa, cabello –¡oh, el cabello!-. Te molestas, maldices a la lluvia, al tiempo, a los astros. ¡Sorpresa! Sigue lloviendo mientras tú estás maldiciendo.

¿Cuándo eras niño te bañaste bajo la lluvia? Yo sí, y lo disfrutaba de manera extraordinaria. ¿Alguna vez te besaron en una tarde lluviosa? A mí sí, y ha sido uno de los mejores besos.

Si la lluvia te sorprende corriendo para alcanzar el transporte público, detente, siente el rocío caer sobre tu rostro, aprovecha mirar al cielo sin la molestia que te causan los rayos del sol, siéntate a esperar que termine de llover y medita, respira. Hay tiempo para todo. Hasta para disfrutar de la lluvia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario