
Todo comenzó bien tempranito, a las 7am ya estaba desayunando rapidito para estar lista y pasar buscando a una amiga, con quien iba a hacer el curso de contabilidad general. Llegando al Tecnológico, instalaciones donde tenia lugar el curso, resulto que no encontrábamos a nadie que fuese responsable de ese tipo de actividades, las oficinas cerradas y el profesor no se veía por ningún lado. Entre búsqueda decidimos ir al kiosquito donde venden comida para que mi amiga pudiera alimentarse, de repente ella voltea y con la boca llena de comida me dice “allá va el profe”, comenzamos a correr detrás del señor y en un esquina puedo jurar que el carajo desapareció, no se veía ni lejos. Al final después de tanto preguntar, conseguimos al profesor que nos mando para un salón sin aire acondicionado y solo el diablo sabe como es ver clases en las pailas del infierno.
Resulto que el profesor entendía el problema del calor y el hombre a pesar de que se tardo, consiguió un salón con el bendito aire acondicionado. Comenzó el curso y mi amiga y yo copiábamos todo lo que aparecía en las diapositivas mientras escuchábamos las explicaciones de cada concepto. Debo confesar que no soy una mujer dotada de paciencia y media hora después me di cuenta que el carajo era lento dando la clase, explicaba una y otra vez lo mismo, y entonces comenzó la róchela, me salio lo chica acida-cómica para hacer reír a mi amiga, le tomamos el gustito a los chistes, y debo decir que el profesor también ayudaba en nuestro entretenimiento al decir cosas como “cuando tienes una cuenta bancaria en un banco” o cantar cosas horribles como “Tirate un paso”.
Finalmente el curso termino casi a las cuatro de la tarde, fuimos a la casa de mi amiga. La verdad es que estábamos muy cansadas y llegamos directo a acostarnos a ver películas y entre charla y televisión se hizo la hora de cenar. Llego un amigo a visitarnos, al cual le contamos todos los chistes que se nos habían ocurrido en el transcurso de la clase de contabilidad. Que puedo decir? Estábamos orgullosas de nuestro buen humor.
A pesar del cansancio nos fuimos a ver a un amigo muy querido que llego de viaje ese día, el pobre no tenia mejor cara que nosotras, estaba muy cansado ya que su día había sido igual y hasta más agotador que el que habíamos pasado mi amiga y yo. Yo soy de las personas que el cerebro no les funciona cando tienen sueño, pero esa noche me di cuenta que la amistad puede más que las ganas de dormir, pues a pesar de que los cuatro no podíamos con el cansancio decidimos pasar unas horas hablando y riendo, contando y descontando todo lo que habíamos hecho ese tiempito que teníamos sin vernos.
Esta demás decirles que a penas llegue a mi casa y toque la cama, me dormí. Me dormí feliz de haber pasado un sábado que no me esperaba, ya que le puse más peso a mi curriculum, vi una película nueva, y me divertí muchísimo con mis amigos. Al final, fue un excelente día.
Nota: intenta siempre hacer cosas diferentas, sal de la rutina.
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