
Cada vez que terminamos con un ciclo en nuestra vida experimentamos esa sensación de pérdida momentánea del rumbo. No sabemos qué hacer ni por dónde comenzar, pues siempre hemos buscado depender de personas, trabajos, lugares y objetos, pensando que así le daremos estabilidad y sentido a nuestra vida.
Cuando un ciclo se acaba y ponemos de nuevo los pies en la tierra redescubrimos nuestra identidad, nuestras capacidades, nuestro derecho a la independencia y poco a poco volvemos a recuperar la fortaleza y la confianza que nos permiten en algún momento establecer el nuevo rumbo de nuestra vida.
Podemos permanecer mucho tiempo inmersos en el sentimiento de pérdida, deprimiéndonos o viviendo fantasías creadas sólo por nuestra mente o deseando que algo lo suficientemente fuerte pase, como para darnos la señal que estábamos esperando para impactarnos y sacarnos del pantano donde nos encontramos atrapados. Y no importan las palabras y los esfuerzos que otros hagan para sacarnos de ahí, hacemos oídos sordos a todo cuanto nos sugieren hasta que en verdad estamos listos para aceptar, soltar y volver a comenzar.

No dejes que la vida continúe mientras tu estás estancado o escondido viviendo de tus recuerdos del pasado, haciéndote más daño a ti mismo. Toma la responsabilidad de tu vida y construye tu propio destino lo más pronto posible. Concédete otra oportunidad y sal de ese encierro.
Descúbrete de nuevo, pues aunque no te parezca este es el mejor momento para cambiar de vida. Recuerda que: “Todo lo que termina o sale de nuestra vida, así sea en contra de nuestra voluntad y deseos, representa una oportunidad para ganar libertad, madurez y sabiduría”.Haz borrón y cuenta nueva.
Decide comenzar una nueva etapa en tu vida. Suelta el pasado y concéntrate en el presente. Conoce tus miedos y enfréntalos con valor, fe y determinación. Conviértelos en tus aliados.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien!
No hay comentarios:
Publicar un comentario